“El aprendizaje cura y cuando nos curamos, aprendemos.” (Entrevista a Alfredo Grande)

Alfredo GRANDE

Medico psiquiatra. Psicoanalista. Cooperativista. Miembro fundador de ATICO Cooperativa.

Profesor Titular de Teoría Psicoanalítica en la Asociación Escuela Argentina de Psicoterapia para Graduados. Profesor Adjunto de Psicoanálisis Implicado en la Faculta de Psicología de La Plata.

Profesor Titular de Dinámica de Grupos en la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Lomas de Zamora. Miembro de Honor de la Sociedad Cubana de Psiquiatría. Redactor de la Agencia de Noticias Pelota de Trapo.

Disculpe la Molestia: – ¿Qué es ATICO?

A.G.: – ATICO es una cooperativa de trabajo en salud mental, la fundé el 1 de mayo de 1986. El cooperativismo tiene su fundante en la lógica de la cooperación. En la cultura represora, la lógica hegemónica es la rivalidad encubierta como “sana competencia”. En el ámbito estatal la rivalidad son los concursos más o menos digitados; la designaciones a dedo, habitualmente dedos de los pies. En la medicina y psicología privada es más de lo mismo y a veces, peor. La cooperativa de trabajo es una decisión teórica, política e ideológica de la que no daremos ni un paso atrás. Actualmente somos 20 asociados. La página web es  www.aticocooperativa.com.ar

Disculpe la Molestia: –¿Con qué criterio de salud mental y con qué concepción de sujeto pensás y abordás la práctica?

A.G.: La salud mental no es un término demasiado inclusivo. Si bien avanza sobre el reduccionismo patologizante de “enfermedad”, la idea de mental no es abarcativa. Salud psíquica te diría que es mejor, porque lo psíquico tiene un registro corporal, vincular y mental. La idea de “aparato psíquico” tan criticada por cierto, de todos modos no es un reduccionismo “mentalista” del sujeto. Para mí el sujeto es un momento del tránsito entre subjetivación, subjetividad y subjetividad cristalizada. En los términos más conocidos subjetivación es el “Ello”, subjetividad el “Yo” y subjetividad cristalizada el “Superyo”. Esto organiza tres registros: sujeto del deseo, sujeto del mandato y sujeto del deseo del mandato. Este último es el “normal” para la cultura represora.  Mi práctica es el rescate de ese sujeto del deseo que está sepultado. Por eso digo que al deprimido no le falta deseo sino que le sobra represión.

Disculpe la Molestia: – Desde estas concepciones que planteás, ¿cuándo hablarías de enfermedad?

A.G: –Enfermedad es la incapacidad subjetiva de dialectizar el conflicto. El conflicto es inmanente. La enfermedad no. Desde ya, el abordaje represor del conflicto lo transforma en enfermedad. Por eso dije alguna vez que la psicosis es la captura psiquiátrica de la locura.  La cultura represora es como una piedra filosofal al revés. Transforma el oro en basura. El delirio de patologizar tiene su correlato en el lucro de la medicalización de la vida.

Disculpe la Molestia: –¿Cómo pensás la relación entre salud mental y aprendizaje?

A.G.: -Creo que son la  misma potencialidad con diferentes dispositivos. El aprendizaje cura y cuando nos curamos, aprendemos. Yo hace años que incluyo la explicitación de conceptos que permitan pensar. No se trata de un diagnóstico berreta tipo etiqueta auto adhesiva. “Soy bulímico”. Pero pensar la bulimia como una estrategia represora donde es más importante meterse adentro mucho y malo que meterse adentro poco y bueno, ayuda a re pensarse y por lo tanto, a curarse de los sermones cientificistas que algunas veces los profesionales padecemos.

Disculpe la Molestia: –¿Cómo se hace para trabajar por la salud en una sociedad que nos enferma?

A.G: – Si la sociedad no nos enfermara ¿Por qué habríamos de trabajar por la salud? La sociedad  a la que denominamos cultura represora nos enferma desde “afuera” y desde “adentro”. El afuera de las masas artificiales y el adentro superyoico. Perforando los determinantes tanáticos de nuestra subjetividad es que podremos liberar nuestros deseos, nuestros placeres, nuestras creatividades. No hay mejor antídoto que ese. Y lo tenemos aunque no sepamos todavía usarlo en su amplitud y potencialidad.

Disculpe la Molestia: –¿Cómo contrarrestar la tendencia a la patologización, el encierro y la segregación?

A.G: – Creo que tenemos que construir colectivos. Los colectivos son grupos con una estrategia de poder. El estado de sitio, que es la forma universal en la cual la cultura represora se saca la piel de cordero, impide agruparse. Y cuando no hay encuentro, tampoco habrá vínculo. Ni grupo. Y desde ya, ningún colectivo. El hombre y la mujer aislado enloquecen siempre y se psicotizan a veces. Un aforismo implicado dice: “hay miedo a la libertad pero no hay pánico a la esclavitud. Sonamos”. Hay que cultivar en forma colectiva el amor a la libertad.

Disculpe la Molestia: – La nueva ley nacional de salud mental, ¿creés que generó alguna modificación en las prácticas concretas?

A.G: – La nueva ley de salud mental propicia, no garantiza. En ese sentido digo que es una ley yoica. La garantía deviene de su reglamentación, de su aplicación y de la creación de los dispositivos que la respetan y la destrucción de los equipamientos que la vulneran. Cualquier Corpo estará en contra de la Ley no por sus eventuales defectos, sino por sus logradas virtudes. Entiendo que hay que sumar capítulos sobre el cooperativismo de trabajo en salud mental que es una alternativa a la medicina y psicología comercializada y a la medicina y psicología estatizada. Y compartir la tarea en un marco transdisciplinario y no disciplinario.

Artista: María Ester Prádanos

Artista: María Ester Prádanos

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